domingo, 10 de junio de 2012

EL CIELO SE ESTREMECE




Tempestad.

Nubes espesas, negras, descienden sigilosas
De lo alto de las cimas de las andinas cumbres,
El paisaje oscurecen y las faldas verdosas
Se pierden bajo el manto de las oscuras nubes.

El huracán rugiente, las copas majestuosas
De los gigantes verdes que hacia el azul se suben,
las mecen cual si fuesen frágiles mariposas
Y muchas de sus ramas bajo el viento sucumben                

Horrísonos los truenos estremecen el cielo,
Relámpagos y rayos rasgan el negro velo
Del cielo vespertino que se torna feroz.

El huracán rugiente, el ríspido aguacero,
Los rayos, las centellas y los macabros truenos
Hacen del cielo un caos terrorífico, atroz.

De las altivas cumbres descienden torrenciales
Arrasando a su paso con todo lo presente
Los arroyos que bajan cual genios demenciales
Y arremeten violentos contra el paisaje inerme.

Impotentes los hombres desde nuestros hogares,           
Aterrados miramos arroyos y torrentes,
Arrastrando los restos de viviendas rurales
Llevados  agua abajo por la voraz creciente.

Después viene la calma, la tempestad decrece,
Los torrentes se achican, el cielo resplandece
Y continúa el proceso de la naturaleza.

Ella cobró sus víctimas como siempre sucede,
Ella nos da la vida y quitárnosla puede
Porque en ella radican las más extrañas fuerzasD

( Desconozco el autor)

martes, 24 de abril de 2012

DIA DEL LIBRO

Con qué artificio tan divino sales
de esa camisa de esmeralda fina,
oh rosa celestial alejandrina,
coronada de granos orientales!

Ya en rubíes te enciendes, ya en corales,
ya tu color a púrpura se inclina
sentada en esa basa peregrina
que forman cinco puntas desiguales.

Bien haya tu divino autor, pues mueves
a su contemplación el pensamiento,
a aun a pensar en nuestros años breves.

Así la verde edad se esparce al viento,
y así las esperanzas son aleves
que tienen en la tierra el fundamento..  ( Lope de Vega)

 
                                      


'Quisiera que mi libro', de Juan Ramón Jiménez.
Quisiera que mi libro
fuese, como es el cielo por la noche,
todo verdad presente, sin historia.
Que, como él, se diera en cada instante,
todo, con todas sus estrellas; sin
que, niñez, juventud, vejez, quitaran
ni pusieran encanto a su hermosura inmensa.
¡Temblor, relumbre, música
presentes y totales!
¡Temblor, relumbre, música en la frente
-cielo del corazón- del libro puro!